Olvidar nombres, repetir preguntas, perderse en lugares conocidos o comenzar a tener dificultades con tareas que durante años se realizaron sin problemas pueden ser señales de alerta. Los especialistas advierten que no todo olvido es Alzheimer, pero destacan la importancia de reconocer cambios persistentes y consultar a tiempo.

Unas 500.000 personas viven Alzheimer en Argentina. La magnitud de esta problemática llevó a que, en febrero de este año, se aprobara el primer Plan Nacional de Alzheimer y Trastornos Relacionados, que contempla acciones vinculadas con la prevención, la detección temprana, la capacitación de los equipos de salud, la investigación y la mejora de la calidad de vida de las personas y sus familias.

El Dr. Máximo Zimerman, Director Médico de ALCLA, Clínica de Rehabilitación Integral,explica: “Cuando hablamos de Alzheimer, no debemos pensar únicamente en la pérdida de memoria. A medida que la enfermedad evoluciona, también pueden verse afectadas distintas habilidades necesarias para la vida diaria. Por eso, el abordaje debe ser integral y adaptado a las necesidades de cada persona”.

Desde la neurorrehabilitación, el objetivo no es detener la evolución de la enfermedad, sino acompañar a la persona para preservar durante el mayor tiempo posible sus capacidades funcionales, favorecer su autonomía y trabajar sobre aquellas dificultades que aparecen a lo largo del proceso.

Dr. Máximo Zimerman, Director Médico de ALCLA, Clínica de Rehabilitación Integral.

El impacto del Alzheimer también alcanza al entorno de la persona diagnosticada. La enfermedad puede generar cambios cognitivos, conductuales y funcionales que modifican las dinámicas familiares y hacen que quienes acompañan al paciente asuman un rol cada vez más activo en su cuidado. Por eso, brindar herramientas y orientación a familiares y cuidadores también forma parte de un abordaje integral.

“La rehabilitación en estos casos tiene que partir de una evaluación individual. No todas las personas evolucionan de la misma manera ni presentan las mismas dificultades, por lo que es fundamental establecer objetivos realistas y significativos para cada paciente y su entorno”, agrega Zimerman.

Cinco señales para prestar atención

  • 1º Pérdida de memoria reciente: olvidar conversaciones completas, acontecimientos recientes o repetir reiteradamente las mismas preguntas.
  • 2º Comenzar a tener dificultades con tareas que antes eran habituales, como administrar las cuentas, cocinar una receta conocida u organizar actividades cotidianas.
  • 3º Desorientación en lugares conocidos. No es lo mismo perderse en una ciudad desconocida que comenzar a tener dificultades para regresar a casa o recorrer un barrio conocido.
  • 4º Aparición frecuente de problemas para encontrar palabras de uso cotidiano o nombres de personas conocidas.
  • 5º Cambios llamativos en la conducta, el ánimo o la personalidad, como aislamiento, pérdida de iniciativa o abandono de actividades que anteriormente resultaban placenteras.

Ninguno de estos signos, por sí solo, permite diagnosticar Alzheimer. Lo que genera mayor preocupación es que sean nuevos, progresivos y comiencen a interferir con la vida cotidiana.

No todo olvido es Alzheimer

Los especialistas remarcan que olvidar ocasionalmente dónde se dejaron las llaves o tener una palabra “en la punta de la lengua” puede formar parte del envejecimiento normal. La diferencia está en la frecuencia, la progresión y el impacto funcional.

Por eso, ante cambios persistentes es necesario realizar una evaluación médica. El diagnóstico comienza con la historia clínica y pruebas cognitivas, y puede incluir estudios de imágenes y, en determinados casos, biomarcadores.

Además, antes de atribuir los síntomas a una enfermedad neurodegenerativa deben descartarse otras causas que pueden afectar la memoria, entre ellas déficits vitamínicos, hipotiroidismo no controlado y algunas enfermedades.

La prevención y detección temprana importan

La edad es el principal factor de riesgo, pero existen condiciones sobre las que sí se puede actuar. Entre ellas aparecen hipertensión, diabetes, obesidad, sedentarismo, tabaquismo, pérdida auditiva no corregida, apnea del sueño, aislamiento social y colesterol LDL elevado, entre otros factores identificados por investigaciones recientes. El diagnóstico temprano permite no solamente acceder antes a determinadas alternativas terapéuticas, sino también planificar decisiones, organizar apoyos y preservar durante más tiempo la autonomía.

El caso del capitán Chesley “Sully” Sullenberger

El protagonista del llamado “Milagro en el Hudson”, volvió a poner el foco sobre una pregunta frecuente: ¿cuándo un olvido forma parte del envejecimiento normal y cuándo puede ser una señal de deterioro cognitivo? El piloto estadounidense, que logró aterrizar de emergencia un Airbus A320 en el río Hudson en 2009 y salvar a las 155 personas que viajaban a bordo, contó recientemente que recibió en agosto de 2025 un diagnóstico de Alzheimer en etapa temprana.

El capitán Chesley “Sully” Sullenberger, su esposa, Lorrie, con Robin Roberts (Crédito: Good Morning America)

Sullenberger relató que uno de los primeros cambios que advirtió fue una dificultad cada vez mayor para recordar los nombres de personas conocidas. También comenzó a olvidar acontecimientos que antes recordaba con facilidad y a repetir historias sin darse cuenta de que ya las había contado. Para organizarse, incorporó el hábito de consultar diariamente su calendario.

Su esposa, Lorrie, explicó que al comienzo esos cambios podían confundirse con distracciones habituales o con el envejecimiento. Precisamente por eso, los especialistas destacan que lo importante no es un olvido aislado, sino un cambio persistente respecto del funcionamiento habitual de una persona.