Cada año, con la llegada del calor, se repite una escena conocida: más exposición al sol, más búsqueda de bronceado y, muchas veces, menos cuidados. Sin embargo, los dermatólogos insisten en un mensaje clave que no pierde vigencia: el daño solar se acumula y no se borra.

En el marco de un nuevo encuentro del ciclo Informando Salud, la Dra. Ana Clara Acosta, Médica Dermatóloga y responsable del área de Oncología dermatológica del Hospital Ramos Mejía, en diálogo con Pablo Messina, explicó por qué la prevención sigue siendo fundamental y cómo el diagnóstico temprano puede marcar la diferencia, incluso frente a enfermedades graves como el melanoma. Nota completa en el siguiente enlace: https://youtu.be/6kVb3yHgqjU?si=_5uYrL-JGXLfDUwA
Una campaña que salva vidas
Desde hace 32 años, la Sociedad Argentina de Dermatología realiza una campaña nacional de concientización durante la tercera semana de noviembre. El objetivo es claro: incentivar el control anual de la piel. “Hoy diagnosticamos más cáncer de piel, pero en estadios más tempranos. Eso es prevención”, explicó Acosta. Décadas atrás, el uso de protector solar era prácticamente inexistente. Hoy, en cambio, hay más consultas, más información y mejores herramientas diagnósticas, lo que permite detectar lesiones antes de que evolucionen “.
El sol deja huellas invisibles
Uno de los conceptos centrales que remarcan los especialistas es que el daño solar no desaparece. Aunque el ardor se vaya o la piel se pele, la radiación recibida queda registrada en las células y se acumula con los años. “Broncearse no es sinónimo de salud”, aclaró la dermatóloga. El bronceado es, en realidad, un mecanismo de defensa de la piel: los melanocitos producen pigmento para proteger las capas más profundas de la radiación ultravioleta. Pero esa protección es limitada y no evita el daño celular “.

Mitos que siguen circulando
A pesar de los avances, todavía persisten creencias erróneas. Una de ellas es que las personas de piel más oscura no corren riesgos. “Es un mito. El riesgo existe para todos”, sostuvo Acosta. “La diferencia es que en pieles claras el daño se nota más rápido, mientras que en pieles oscuras puede pasar desapercibido y retrasar la consulta. Otro error frecuente es creer que en días nublados o durante el invierno no hace falta protección. La radiación sigue estando. El problema es que como no se siente tanto, la gente se expone más tiempo”, explicó.
Protector solar: cómo usarlo bien
“No se trata solo del número del factor de protección. Un FPS 30 correctamente reaplicado cada dos o tres horas puede ser más eficaz que un FPS 100 usado una sola vez. El error es confiarse”, advirtió la especialista. Hoy existen múltiples opciones: cremas, sprays, fluidos, protectores con color y productos adaptados a distintos tipos de piel. No hay excusas”, remarcó.
Cáncer de piel: el más frecuente
El cáncer de piel es el más común en el ser humano. Se divide en dos grandes grupos: los no melanoma, que son muy frecuentes y altamente tratables, y el melanoma, menos común pero mucho más agresivo. Los carcinomas suelen aparecer en zonas expuestas al sol y, en la mayoría de los casos, se tratan con cirugía u opciones locales. El melanoma, en cambio, puede ser impredecible y potencialmente mortal si no se detecta a tiempo.
La regla del ABCDE
Para el autoexamen mensual de la piel, los dermatólogos recomiendan la regla del ABCDE:
- A: Asimetría
- B: Bordes irregulares
- C: Colores múltiples
- D: Diámetro (aunque el tamaño no siempre es determinante)
- E: Evolución o cambio

“La evolución es clave. Un lunar que cambia, sangra, no cicatriza o se comporta distinto debe ser evaluado“, destacó Acosta. Un dato importante: el cáncer de piel no suele doler, lo que muchas veces retrasa el diagnóstico.
Camas solares: un riesgo innecesario
La dermatóloga fue contundente: “La cama solar es equivalente a exponerse al sol del mediodía sin protección. En países como Brasil están prohibidas debido al alto riesgo que representan. No existe un uso seguro de las camas solares“.
Bebés y niños: cuidados especiales
En menores de seis meses no se recomienda el uso de protector solar. La indicación es evitar la exposición directa, usar ropa con protección UV, sombreros y sombra. En niños mayores, la protección debe ser constante.