Estrés, emociones y su impacto en cuerpo y cerebro

El reconocido kinesiólogo Diego Rodríguez admite que “las personas consumimos sentimientos y estados de ánimo”. En dialogo con INS el especialista en kinefilaxia refuerza los conceptos de la prevención a través del movimiento, como leitmotiv fundamental, al tiempo que reconoce que la medicina preventiva tiene un gran desafío en tal sentido.
Ph: freepik.es

Por Cristina Cartier

Las emociones y el estrés actúan como energía para definir el estado de ánimo de las personas. “No debemos privarnos de sentir nuestras emociones. Al retirarse de las canchas el tenista Roger Federer, lo hizo llorando y de la mano de su máximo contrincante (Rafa Nadal). Entonces quedó demostrado que el ser humano es pura emoción, que el talento se vincula a quien sabe expresar sus emociones para preservar su cuerpo y su mente”.

¿Qué es el estrés?

“Tenemos que entender que el estrés es algo absolutamente fisiológico y necesario para vivir. Si no sentimos estrés no podríamos ir a trabajar, ni ir al gimnasio, ni salir a caminar etc. Es decir que el estrés actúa como activación de la persona. El problema es que el estrés tiene mala prensa. Lo que debemos considerar es que no sea en exceso, o que se instale de forma crónica, sin pausas. Ante lo cual la persona sufre un desgaste importante. Como todo en términos de salud, si está en equilibrio, no solo que es necesario, sino que permite moverse y hacer cosas”.

¿Cómo responde el cuerpo ante las emociones inevitables (tristeza, preocupaciones, etc.)?

“Todas las emociones son necesarias. Por algo aparecen en nosotros. Muchas cosas que están en nuestra naturaleza están por una razón importante. Debemos utilizar nuestro cuerpo en un entorno de naturaleza. Las emociones son energía que nos permite un estado anímico, lo cual nos habilita para determinada cosa. A veces el ser humano necesita estar triste, hacer un duelo, estar alegre, celebrar o estar entusiasmado. Las emociones no deberían ser clasificadas como malas o buenas. Cada una tiene un objetivo para el cuerpo y para el cerebro. Lo interesante es que cumplan esa función y sigan su camino, que no queden bloqueadas. Es ideal que la persona no sienta la misma emoción todos los días de su vida. Si la persona cada mañana siente tristeza, eso va a generar un estado de ánimo de tristeza. Las emociones nos mantienen vivos y nos cuidan. Si la emoción queda instalada, y es utilizada constantemente, se genera un desgaste. Debemos evitar los extremos porque son los que nos enferman”.

¿El cuerpo empieza a reaccionar cuando esa emoción se queda instalada?

“Lo cierto es que venimos de una cultura binaria. Seguimos pensando que el cuerpo y la mente son dos cosas diferentes. En realidad el ser humano es una unidad que tiene sus sistemas, que deben interactuar. En la comunicación entre el cuerpo y la mente están todas las emociones. Ya que afectan la mente modificando los pensamientos. Por lo tanto modifican la manera en que la persona se siente. Puede pasar que de pronto aparece taquicardia, o transpiran las manos, o si la persona se pone colorado a aparece un ataque de pánico. La emoción es la energía que comunica lo que la persona siente, piensa y hace. Desde la kinesiología, a través del movimiento, hacemos que esa energía circule por el cuerpo, no se quede estancada porque de esa manera existen más chances de causar una enfermedad”.

¿Una contractura por ejemplo?

“Una contractura es la falta de energía que no se pudo soltar en una parte de la fibra muscular. Ese mismo concepto aplicado a un estado emocional, o a un pensamiento o creencia muy rígida, implica una imposibilidad de adaptación a diferentes circunstancias, es el terreno donde se puede instalar un síntoma, que puede hacerse crónico”.

¿El seño fruncido es una señal?

El problema existe cuando la persona no se da cuenta que tiene el seño fruncido, o el puño apretado, o que tiene bronca. Al no darse cuenta de estos gestos existe un problema. Por eso el punto de partida es reconocer cómo se siente la persona. Se debe recuperar la reconexión con el cuerpo para darse cuenta que existe bronca, por ejemplo. A partir de ahí se pueden hacer cosas para salir de ese estado, sabiendo que ese sentimiento también cumple una función, entendiendo que no debe sentirse todo el tiempo. Lo que nos enferma es todo aquello que cargamos de manera crónica sin darnos cuenta”.

¿Cuál es la clave para mejorar?

“Es poder adaptarse a los dos estados el ser humano. El estado simpático y el estado parasimpático. Se trata del sistema nervioso autónomo que regula la capacidad de adaptarse al estrés. Aparecen señales como ser aumento en la presión arterial, descenso de la frecuencia cardíaca, aumenta la respiración, hace que vayamos más seguido al baño, etc. Es un sistema involuntario donde la persona no tiene decisión. Al estar en activación se encuentra en modo simpático. Al comer o dormir, la persona debe estar en un estado parasimpático. Si la persona no tiene la flexibilidad de pasar de un estado al otro cuando lo necesita, esa persona se queda bloqueada dentro del simpático, en estado de excitación, ansiedad, etc. Esa situación permite luchar o salir corriendo ante una amenaza. Si se elige huir no pasa nada, pero si la persona elige luchar ese cuerpo va a consumir mucha energía, luego pasa a un estado de resistencia donde se desgastará (tiroides, glándulas suprarrenales, el hígado), aparecen síntomas y se agotan, ante lo cual falla el sistema inmune de la persona. Es decir que cuando el estrés no está bien gestionado, termina siendo malo para el organismo humano”.

¿Aparece la negación en la persona?

“Por eso existen los síntomas. El cansancio extremo, la fatiga, el insomnio, las alteraciones digestivas, aparecen para dar alerta. Se instalan en el cuerpo para que la persona entienda que hay algo que está en desequilibrio y que puede terminar en enfermedad. Es el gran desafío para nosotros, descubrir las causas y ayudar a que la persona se cure. No siempre se debe elegir el camino más corto, indicando medicación para seguir adelante, como si no importara que ese cuerpo sufre en el día a día”.

¿Qué significa su consigna “sacate a pasear”?

“Todo lo vinculado a la prevención de enfermedades es muy simple, por lo cual atenta contra el sistema comercial de la medicina. Sacate a pasear significa que la persona se debe considerar importante. Debemos incorporar lo necesario de darse prioridad. Lo segundo es cambiar la perspectiva. No debemos seguir mirando lo mismo desde el mismo lugar. Hay que moverse, subir y bajar para variar. Debemos subir una pequeña montaña, meternos bajo el agua, caminar en contra del viento, mojarse bajo la lluvia. Es decir, empezar a mirar la situación desde otro lugar para evitar creer que eso que existe es real. Cuando cambiamos la perspectiva, aquello que estamos mirando ya no tiene la misma consistencia, ni es la misma amenaza,  ni significa la misma agresión. Mi consejo es cambiar lo que se entiende como una amenaza, dejar de repetirla, de compartirla con los amigos, porque pueden ocurrir distintas cosas. Puede pasar que esa amenaza o angustia que se siente, se haga carne y se contagie en otros alrededor. Nadie quiere estar cerca de una persona que solo habla del caos, con lo cual se pierde la posibilidad de la compañía. La persona debe sentirse nuevamente confiada y segura de sí misma. Es importante el contacto físico con otros. Generar abrazos de contención para recuperar el bienestar. Una de las mejores maneras de ingresar en estado parasimpático (de equilibrio), es ayudar a otra persona, es hacer lo simple de la vida. Beber una copa de vino con amigos, salir a caminar, cualquier recurso que brinde paz, va a generar las mas lindas emociones en esa persona”.

¿Aunque la persona se ponga a llorar?

“Si toca llorar es fantástico. El cuerpo a través de la transpiración y el llanto, se limpia y se descarga. Muchas generaciones hemos sufrido la consigna que dice que no debemos llorar, lo cual no es así. Llorar es como desperezarse, bostezar o toser. Son mecanismos de autocuidado que tiene el cuerpo para regularse. El problema es cuando una creencia, un mito, o la opinión de otra persona, influyen en nuestras emociones. El desbloqueo del músculo diafragma al llorar, no se puede conseguir con ningún ejercicio. Cundo un paciente en medio de una clase, logra llorar, consigue aflojar toda la tensión que le ha bloqueado la respiración  sus emociones”.